Me

Me

lunes, marzo 27, 2006

Como dejarte ir


Cómo encerrar esta mañana entre mis manos?
Cómo prevenir al tiempo de tu huida?

Si un guiño de tu boca
convierte otoño en primavera
y una chispa de tu alma
incendia al tiempo y lo evapora.

Cómo congelar tu luz en mi agonía?

Si un ademán tuyo insinuado,
voluntad inocente,
ordena: luna envuelve al sol!
Y ella obediente lo somete
para alimentar a sus hijas
-luciérnagas y bengalas

Cómo dejarte ir esta mañana
y dejar volar tu beso mío?
Si a tu mirada respondo,
felina hipnósis cotidiana,
con mi voluntad tuya
… que se marcha

Arael Gallegos Rodríguez

lunes, marzo 13, 2006

Poema: Cuanto Miedo


Cuanto miedo
7 de marzo de 2006, Mongu, Zambia
Arael Gallegos Rodríguez

¡Cuanto miedo tengo,
cuanto miedo…!

al encerrarme en una pompa
de lino suave con una silla,
una cuchara, un televisor
y un mosquitero blanco.

¡Cuanto miedo de vivir!
Cuanto miedo…
al aire puro
enfriando mi piel desnuda,
a la lluvia en mi pecho
tatuándose con cincel de viento,
al abrazo de un desconocido
convirtiéndose en amigo,
a la sonrisa auténtica
que acaricia mis adentros.

Sigo creciendo, envejezco.
El ayer se fugó, ahora no es mío.
¡Oh ansiedad! Pero:
¿Qué estoy haciendo hoy, aquí sentado?:

¡Cuanto miedo de morir
sin haber vivido!

El miedo lo llena todo,
es el rey, dios de muerte
y demonio de vida.

Cuanto miedo te tengo, Miedo…
Cuanto miedo!

St. Agatha`s Parrish

2 de Marzo de 2006

El hermano Kevin, quien no es un padre sino un hermano porque así está constituida su orden, amablemente me llevó a las oficinas de OVC esta mañana lluviosa. He pasado ya un par de tardes-noches platicando con el hermano y checando algunas de las computadoras que le fueron donadas por la presidencia del gobierno irlandés.
Estoy contento de vivir con los hermanos cristianos en St. Johns, aunque inicialmente tenía mis reservas por la falta de iluminación e higiene en la casa, en comparación con la de las hermanas -es de entenderse que en una casa enorme con solo dos hombres no hayan los mismos cuidados que tienen tres mujeres en una pequeña-. S se compensa con creces con la amistad que estoy desarrollando con Kevin. Ahora me dejo llevar por la situación, por fin no quiero tener todo bajo control y todo marcha sobre ruedas... considero esto como un pequeño logro personal.
Supongo que por ahora me encuentro en la luna de miel, todo me parece gracioso o hermoso o interesante. Ya veremos si todo sigue igual a lo largo de los meses que estaré por estos lares. Los únicos detalles que no me hacen tan feliz son los siguientes: algunas personas tienen el olor corporal un poco fuerte, las evidentes condiciones de insalubridad, las moscas y la pobreza extrema que se ve en algunas partes de la provincia, acompañada de un SIDA cada vez mas recurrente. Esta mañana voy a St. Agatha`s con Kaniki, una enfermera y su asistente. Veo como atienden a los pacientes y recetan medicamentos como hace dos días lo hizo Merry. Anoche dormí 10 horas y no fue suficiente, pues los días anteriores apenas pegué los ojos por 3 ó 4 horas en promedio, un poco por la charla nocturna con el hermano y otro tanto por la ansiedad de estar en medio de un desierto, rodeado de escorpiones, mosquitos portadores de la malaria y una que otra cucaracha. Las sábanas y toallas tienen un olor raro, como a sudor. Lety dice que es el olor del agua... “como añoro el vel rosita”.
Al ponderar las opciones del ministerio que puedo llevar a cabo en Mongu, me inclino mas por el programa OVC, donde podré estar en contacto con los niños huérfanos, que además de inteligentes, son harto cariñosos. Además mi jefa será Rosa Margarita, la norteña con la que me identifico más para trabajar.
Conocí a Phiri, un enfermero del programa, su nombre significa montaña... es interesante como los nombres tienen significados, quizás las madres los llaman en función de las características de cada bebé.
Las mujeres cargan muchos kilos, en sacos, arriba de sus cabezas y dejan sus manos libres para llevar a los niños y, en ocasiones, hasta para ir tejiendo mientras caminan. Lo multifuncional de las mujeres llega al pináculo más escabroso cuando uno ve a estas mujeres de majestuosos cuellos largos haciendo tantas cosas, de tan alto grado de dificultad, al mismo tiempo.
El si lozi (lengua de la tribu Lozi) es bien estructurado y con mucha lógica, tiene acentuaciones apenas perceptibles que indican respeto y hacen alusión a detalles que ni en inglés, ni en castellano tenemos. Lo que esta lengua tiene en común con el español y el italiano es la forma de pronunciar, cada letra tiene un sonido único por lo que creo que es más fácil de aprender para un mexicano que para un anglo-sajón. Me comentó el padre Robert que el si lozi no se escribía hasta que llegaron los misioneros, quienes le enseñaron el alfabeto a los ma lozi (el pueblo lozi). Es impresionante la perfección de esta lengua que no se escribía, y por ende no se podía enseñar a los niños con cuadernos y libros como lo aprendemos en México, pero que se ha transmitido de generación en generación a través de la palabra. Esta gente es admirable.

Algunas palabras que he aprendido:
Basali – mujeres; musali – mujer (singular)
Lizazi licà matàli - puesta de sol / significado literal: sol que come las hojas (de árboles)
Musu jili cwani – buenos días, como está?
Mutuoshi cwani – buenas tardes, como está?
Ensha – respetos o gracias

Lizazi Lica Matali


6 de marzo de 2006

Me recibes.
En ti, desprovisto de mí, penetro.
Pierdo todo sentido.
Encuentro lo inalcanzado,
lo incomprensible, pasado y futuro.

El deseo va quemándote
por dentro.
Sedienta caída desata
tu viciada costumbre.
Me ves a los ojos.

Descubro tus gracias,
osada seducción adivino en tus curvas,
imprimes una marca en mi alma,
herradura ardiente, pacto inquebrantable.

Indómito bebes
los ríos de los llanos
y desapareces,
fantasma ensangrentado,
en el corazón del Kalahari
comiendo hojas
y susurrando palabras de amor
al Zambezi de los Lozi.

Arael Gallegos Rodríguez

Nota: Lizazi Lica Matali significa literalmente: Sol comiendo hojas. Es la forma en la que la tribu Lozi dice “puesta de sol”.

Programa Leche para Madres con SIDA

3 de marzo de 2006

“Si fuera cierto que los ángeles cantaran, además de tocar las trompetas, seguramente sería algo parecido a lo que escucho en una parroquia zambece.
Supongo que en el cielo, el comité de bienvenida más alegre y jubiloso, está compuesto por un coro africano dueño de una placidez suprema con sus tambores, danzas y cantos. Los imagino felices y agradecidos por cada vida que va entrando a la casa del Creador del Todo y de la Nada, Dios, Padre y Fuente de Amor”.

Amanecí descansado con ganas de salir a la calle. Llegué temprano al programa HomeCraft, donde las hermanas de la santa cruz tienen una escuela para educar a las mujeres en materia de inglés, corte y confección y cocina. Me ofrecieron café y unos bocadillos con queso, orégano, aceite de oliva y tomate... mjjjjjjmmmm, mi primer comida lujosa desde París.
Estoy ahora en el programa MIC, donde instruyen a las madres infectadas con el virus HIV acerca de como alimentar a sus bebés, sin darles pecho y les proporcionan medicamentos para evitar la transmisión del virus durante el embarazo, así como también productos de esterilización de mamilas y de clorificación del agua.
La mayoría son mujeres jóvenes, diría que tienen entre 15 y 25 años. Se ven de buen humor y amorosas con los pequeños. Algunos lloran y sus madres les dan mamila pues darles pecho sería comprarles un seguro de muerte temprana. Otros juegan o duermen. Las responsables del programa, empiezan a explicar la importancia de la higiene en el agua y las mamilas, a continuación le entregan a cada mamá 2 latas de leche en polvo y cloro para el agua, mismos que les deben durar hasta el próximo viernes que regresarán por su siguiente ración.
Una madre hecha a su bebé, de 3 meses quizás, a su espalda y estoy tan impresionado de ver como lo hace, que lo explicaré detalladamente a continuación:
Primero pasa al bebé por encima de su cabeza y lo deja en la parte superior de su espalda, viendo hacia su nuca, a continuación se inclina a unos 60 grados y deja al bebé boca abajo con su cabecita a la altura de su cuello. Entonces, la madre agarra su chal o chitengue (falda tradicional lozi) y con ambas manos abre la tela y la pasa por detrás de la espaldita de su hijo, apisonando con el chitengue al bebé desde sus nalguitas hasta el occipucio. Después la señora amarra fuertemente y “voilà”, el chiquitín está listo. La mamá se yergue orgullosa y recorre a la criatura hacia uno de sus costados a donde lo puede apapachar y cuidar mejor. No me imagino a mi hermana Ednita haciendo esta operación y a la familia viendo como deja a José Daniel, mi sobrinito de 6 meses de edad, sobre su espalda sin tener una sola mano cuidando que no se caiga. Quedé boquiabierto y todavía me sigue escurriendo la baba.
Este reparto semanal de leche parece mas bien una reunión social de madres jóvenes, al verlas nadie se imaginaría que están contagiadas de SIDA, probablemente a causa de su esposo, quien en ocasiones tiene mas de una esposa o lo que llamaríamos en occidente, algunas amantes. Todas platican y ríen, me parece que saben que el SIDA es como un catarro, un virus que entró a su cuerpo, pero que NO es su cuerpo y mucho menos su alma. La gente dice abiertamente que tiene SIDA y no parece ser motivo de vergüenza, como, brutal y desafortunadamente, lo es en mi país. Esta gente, moradora de las tierras donde los primeros humanos habitaron La Tierra, es mucho mas civilizada en varios aspectos, quizá los mas importantes, que las sociedades occidentales que conozco.
Otro claro ejemplo de sus valores familiares y de su alto nivel de compasión humana es que ningún huérfano se queda sólo, pues los familiares siempre están dispuestos a recibir a los pequeños víctimas del HIV, que despiadado se lleva a sus padres. Esta es la razón por la que no hay orfanatorios en Mongu, a pesar de que la pobreza se cierne ponzoñosa sobre las cabezas de los jefes de familia zambeces, quienes ya no pueden alimentar más bocas con sus ridículos salarios. Además hay que considerar que cada vez mueren más jóvenes de SIDA, Tuberculosis o Malaria, de manera que una sola pareja y en ocasiones hasta una sola persona, tiene que mantener y educar a sus 3 hijos, más otros 3 de su hermana que en paz descanse, más los 2 de su hermano quien murió el año anterior y los 4 de su sobrina que pasó a mejor vida la semana pasada. Esta situación es insostenible. Realmente no sé como le hace la gente para sobrevivir en Zambia.
A pesar del arraigo de algunas costumbres que alimentan el SIDA entre estas personas, me parece, desde este banco en el que estoy sentado hoy, aquí, que esta nación tiene mucho para ofrecer al mundo. Tiene valores donde radica una felicidad plena y duradera, esos que parecen haberse perdido en Monterrey, Paris, Nueva York y Londres, donde el dinero y la competencia, es decir la depredación caníbal, es el dios y controlador de las vidas humanas.
Entre los pobladores africanos y la gente humilde de Latinoamérica encuentro varias coincidencias. Creo que los latinos, con la sensibilidad que nos caracteriza, debemos hacer algo ante los apocalípticos jinetes que vienen azotando a la humanidad en este siglo. Cada vez estoy más convencido de que los mexicanos jugaremos un rol importante en la historia próxima de la humanidad.

Katongo, Mongu


28 de febrero de 2006

Empiezo el día en el sexto vecindario de Mongu llamado Katongo, voy en uno de los vehículos del programa HBC (Home Based Care), que nace ante la necesidad de dar apoyo a los pacientes cerca de sus casas, pues los únicos dos hospitales de Mongu –capital de la provincia del oeste- solo cuentan con un par de doctores cada uno y no se darían abasto con la cantidad de enfermos crónicos que hay en esta provincia de Zambia.
Los pacientes de esta zona, la mayoría con enfermedades crónicas como el SIDA, ya nos esperan sentados en la arena a la hora que llegamos. La hmna Lety hace la ronda todas las semanas en diferentes áreas de Mongu, acompañada de varias enfermeras, como Merry, quienes hacen sus prescripciones en función de los síntomas expresados por cada paciente y les entregan ahí mismo sus medicamentos y vitaminas. Afortunadamente hay mucho apoyo internacional con las drogas utilizadas para atacar el virus HIV y la tuberculosis. El tiempo camina lento, parece no tener prisa. Estamos todos bajo frondosos árboles de nuez de la india a la entrada de un asentamiento de unas siete casas hechas con carrizo. Los pacientes esperan pacientemente a ser atendidos. Primero pasan los hombres, por derecho tradicional, y después las mujeres y niños. Todos conviven civilizadamente, nadie lucha por pasar primero, es algo así como la antitesis de Monterrey, como lo más dulce, después de haber vivido solo del limón. Conversan en grupitos y de vez en cuando se dice un chiste que hace participar a todos con una sonora sonrisa. El aire corre suave y la tersa arena me acaricia mientras observo las actividads de las enfermeras. De repente los niños del asentamiento, no las personas enfermas que ahí se dan cita, empiezan a cantar, al tiempo que Lety me explica que ninguno de los pacientes se va a su casa después de ser atendido, pues por respeto y tradición todos esperan a que pasen todos los demas y a que las enfermeras les indiquen que ya se pueden ir. Se convierte esa “sala de espera” sobre la arena, en una especie de grupo de apoyo.
Las mamás de los niños que están cantando pasan de una casa a otra. Caminan orgullosas, con sus espaldas rectas, piernas y brazos largos y bien torneados. Son personas delgadas y alegres con cuerpos cercanos a la perfección. Una de ellas hace un movimiento brusco al agacharse y uno de sus pechos sale de la blusa roja. Lo recoge pudorosa y entre risas se va con la chica de blanco, cada una con dos canastos sobre su cabeza. Pareciera que van a cuidar la tierra y a traer algo para cocinar a sus familias.

Harbor Area



Marzo 1 de 2006

Esta mañana conocí a David Mubita, a Janeth, a Betty y a los otros empleados del programa OVC (Orphan Vulnerable Children). Mubita me ofreció llevarme a conocer los alrededores. Espero construir una buena amistad con él y con sus amigos. En general me trataron bien en estas oficinas, dirigidas por la hmna Rosa Margarita, regiomontana por cierto, quien me llevó cerca del medio día a conocer la escuela del área de Harbor, que a diferencia de Harvard y aunque se pronuncia de forma semejante, es una pequeña primaria para huérfanos, victimas del SIDA principalmente. El área que rodea la escuela es extremadamente pobre. Pude tomar algunas fotos y vi como una señora molía el maíz para preparar su comida tradicional nacional llamada milli mil. El lugar es contrastante, con una vista hermosa, a la orilla de uno de los brazos del rió Zambeze, de donde toma su nombre el país, y se pierde el horizonte sin fin aparente entre verde-azules llanos y pozos de agua. Pero al mismo tiempo con extrema pobreza y casas tan necesitadas de dignidad que solo reciben ese título por representar un hogar para quienes ahí habitan.
El área de Harbor es comercial, se llevan y se traen personas y provisiones entre los pueblos vecinos. Es por esta razón, que muchos se han ido a establecer allí con sus familias con la esperanza de generar un ingreso suficiente para subsistir. Se podría describir en general como un lugar de hacinamiento, cantinas y de montones de niños –con seguridad les puedo decir que en Harbor la gente no tiene televisión-.
Por la tarde visité al padre Robert, coordinador pastoral de la diócesis de Mongu. Un tipo enjuto y harto conocedor de la historia africana, pues ha vivido en África por 44 años y es realmente una gran persona. Espero platicar mas seguido con él. En medio de nuestra entrevista nos interrumpió Beenza, una linda chica recién graduada de la universidad que empezará a trabajar para la diócesis pronto. El padre Robert me dio una idea de la relación entre las tradiciones de muchas tribus africanas y el incremento desmesurado del SIDA en el continente.

La Llegada a Mongu



26 de febrero al 4 de marzo de 2006

Llegué al aeropuerto de Lusaka el 25 de febrero a las 6:50 de la mañana. La hermana Cristina me recibió y me llevó a uno de los hoteles más suntuosos de la capital de Zambia. Me invitó a esperarla mientras ella hacia una presentación al representante de la CRS, organización estadounidense que les apoya con fondos para sus programas de ayuda en salud y educación. Me sentí mal del estomago al terminar de desayunar y el malestar junto con las pocas horas de sueño de los últimos días me convirtieron en un bulto inanimado por varias horas, durante las cuales conocí a tres empleados nativos de Mongu que trabajan con las hermanas del verbo encarnado: Smakumba, Lillian y Víctor. Salimos del hotel alrededor de las 10 de la mañana y pasamos a un centro comercial, que me recordó McAllen, donde aproveché para comprar pepto bismol y una torta de subway para el camino -8 horas en automóvil a Mongu-. Lusaka ya parece cualquier ciudad occidental consumista. No sé si llorar o reír.
Desafortunadamente no pude encontrar un cajero automático afiliado a master card para que me despachara kwachas, la moneda nacional de Zambia… bien me lo dijo mi madre, “no te cambies a banca serfin”. En fin, espero encontrar pronto una forma de sacar mi dinero. Alrededor de las 12 del medio día, agarramos carretera y después de dormir a ratos más de la mitad del camino, me zarandearon los mongunenses para indicarme que estábamos entrando al parque nacional y me preguntaron si quería ver algunos elefantes y/o leones. Excuso decirles que se me quito lo cansado, saqué mi cámara de mi bolsita de manta y me dispuse a esperar como niño en la noche de navidad. Después de unos 15 minutos empecé a tomar fotos, contorsionándome y haciendo peripecias sobre mis nuevos amigos con tal de sorprender con mi sony a los changos, venados, puerco espines y elefantes que se iban cruzando por nuestro camino. La parte más emocionante fue cuando nos encontramos a 3 elefantes a la orilla de la carretera, pues causaron un mini trafico -nada comparable a Gonzalitos en Monterrey- deteniendo los autos tanto de ida como de venida por lo menos 15 minutos; porque han de saber que los elefantes embisten camionetas y camiones sin titubear y con singular ferocidad cuando se sienten perturbados. Parece que son los animales que ostentan el segundo lugar, solo después de los territoriales hipopótamos, en número de muertes humanas en el oeste de Zambia. Finalmente llegamos a casa de las hermanas al anochecer, donde nos esperaba una suculenta cena de pollo, arroz y papas, seguida de un soberbio café sudafricano. En ese momento me olvidé de mis problemas estomacales y sin temor alguno comí cual pelón de hospicio hasta que recordé que la gripe aviar ya estaba en África. Me pregunté si no habría llegado a Zambia, a lo que me auto-respondí que NO sin mayor profundización y proseguí con las galletitas del postre. Al terminar de cenar, me explicaron que el cuarto destinado para mi, permanecería vació porque me llevarían a instalarme a la casa de unos hermanos cristianos de nacionalidad irlandesa, con quienes habría de vivir los siguientes cinco meses.
Mi nueva casa es enorme, debo caminar casi una cuadra para llegar a uno de los dos baños, los cuales están uno en cada orilla de la construcción. Pero afortunadamente son de tecnología occidental con su asiento y tapita de plástico.
Terry, el hermano mas grande de edad es muy amable pero habla entre dientes de manera que no le entiendo muy bien. Afortunadamente el lenguaje de señas funciona y no he tenido problemas para comer hasta el momento =)
Durante las primeras 24 horas que estuve aquí, no deje de escuchar pajarillos, gallos, niños y adultos cantando y en general siempre música de fondo. Ciertamente el calor es fuerte pero soportable en esta época del año, vale la pena aclarar que solo hay dos estaciones, la de lluvias y la seca, cada una de las cuales dura aproximadamente 6 meses. La gente es muy amable y sonriente, de manera que me hacen sentir bienvenido. Las hermanas, con quienes como todos los días, Francine (irlandesa), Cristina y Lety (mexicanas) me han dado una idea general de la realidad que se vive en este país de abundancia extrema vegetal y animal, pero también de insalubridad y hambre. La polaridad es mas acentuada que en Latinoamérica, desde mi inicial punto de vista, quizás por las epidemias que diezman constantemente a la población de Zambia, el SIDA, la malaria y la tuberculosis. Se puede ver en todo momento la enfermedad al lado del vigor de estos correosos y hermosos cuerpos negros, al mismo tiempo que a un niño hambriento con una sonrisa tierna y plena.