3 de marzo de 2006
“Si fuera cierto que los ángeles cantaran, además de tocar las trompetas, seguramente sería algo parecido a lo que escucho en una parroquia zambece.
Supongo que en el cielo, el comité de bienvenida más alegre y jubiloso, está compuesto por un coro africano dueño de una placidez suprema con sus tambores, danzas y cantos. Los imagino felices y agradecidos por cada vida que va entrando a la casa del Creador del Todo y de la Nada, Dios, Padre y Fuente de Amor”.
Amanecí descansado con ganas de salir a la calle. Llegué temprano al programa HomeCraft, donde las hermanas de la santa cruz tienen una escuela para educar a las mujeres en materia de inglés, corte y confección y cocina. Me ofrecieron café y unos bocadillos con queso, orégano, aceite de oliva y tomate... mjjjjjjmmmm, mi primer comida lujosa desde París.
Estoy ahora en el programa MIC, donde instruyen a las madres infectadas con el virus HIV acerca de como alimentar a sus bebés, sin darles pecho y les proporcionan medicamentos para evitar la transmisión del virus durante el embarazo, así como también productos de esterilización de mamilas y de clorificación del agua.
La mayoría son mujeres jóvenes, diría que tienen entre 15 y 25 años. Se ven de buen humor y amorosas con los pequeños. Algunos lloran y sus madres les dan mamila pues darles pecho sería comprarles un seguro de muerte temprana. Otros juegan o duermen. Las responsables del programa, empiezan a explicar la importancia de la higiene en el agua y las mamilas, a continuación le entregan a cada mamá 2 latas de leche en polvo y cloro para el agua, mismos que les deben durar hasta el próximo viernes que regresarán por su siguiente ración.
Una madre hecha a su bebé, de 3 meses quizás, a su espalda y estoy tan impresionado de ver como lo hace, que lo explicaré detalladamente a continuación:
Primero pasa al bebé por encima de su cabeza y lo deja en la parte superior de su espalda, viendo hacia su nuca, a continuación se inclina a unos 60 grados y deja al bebé boca abajo con su cabecita a la altura de su cuello. Entonces, la madre agarra su chal o chitengue (falda tradicional lozi) y con ambas manos abre la tela y la pasa por detrás de la espaldita de su hijo, apisonando con el chitengue al bebé desde sus nalguitas hasta el occipucio. Después la señora amarra fuertemente y “voilà”, el chiquitín está listo. La mamá se yergue orgullosa y recorre a la criatura hacia uno de sus costados a donde lo puede apapachar y cuidar mejor. No me imagino a mi hermana Ednita haciendo esta operación y a la familia viendo como deja a José Daniel, mi sobrinito de 6 meses de edad, sobre su espalda sin tener una sola mano cuidando que no se caiga. Quedé boquiabierto y todavía me sigue escurriendo la baba.
Este reparto semanal de leche parece mas bien una reunión social de madres jóvenes, al verlas nadie se imaginaría que están contagiadas de SIDA, probablemente a causa de su esposo, quien en ocasiones tiene mas de una esposa o lo que llamaríamos en occidente, algunas amantes. Todas platican y ríen, me parece que saben que el SIDA es como un catarro, un virus que entró a su cuerpo, pero que NO es su cuerpo y mucho menos su alma. La gente dice abiertamente que tiene SIDA y no parece ser motivo de vergüenza, como, brutal y desafortunadamente, lo es en mi país. Esta gente, moradora de las tierras donde los primeros humanos habitaron La Tierra, es mucho mas civilizada en varios aspectos, quizá los mas importantes, que las sociedades occidentales que conozco.
Otro claro ejemplo de sus valores familiares y de su alto nivel de compasión humana es que ningún huérfano se queda sólo, pues los familiares siempre están dispuestos a recibir a los pequeños víctimas del HIV, que despiadado se lleva a sus padres. Esta es la razón por la que no hay orfanatorios en Mongu, a pesar de que la pobreza se cierne ponzoñosa sobre las cabezas de los jefes de familia zambeces, quienes ya no pueden alimentar más bocas con sus ridículos salarios. Además hay que considerar que cada vez mueren más jóvenes de SIDA, Tuberculosis o Malaria, de manera que una sola pareja y en ocasiones hasta una sola persona, tiene que mantener y educar a sus 3 hijos, más otros 3 de su hermana que en paz descanse, más los 2 de su hermano quien murió el año anterior y los 4 de su sobrina que pasó a mejor vida la semana pasada. Esta situación es insostenible. Realmente no sé como le hace la gente para sobrevivir en Zambia.
A pesar del arraigo de algunas costumbres que alimentan el SIDA entre estas personas, me parece, desde este banco en el que estoy sentado hoy, aquí, que esta nación tiene mucho para ofrecer al mundo. Tiene valores donde radica una felicidad plena y duradera, esos que parecen haberse perdido en Monterrey, Paris, Nueva York y Londres, donde el dinero y la competencia, es decir la depredación caníbal, es el dios y controlador de las vidas humanas.
Entre los pobladores africanos y la gente humilde de Latinoamérica encuentro varias coincidencias. Creo que los latinos, con la sensibilidad que nos caracteriza, debemos hacer algo ante los apocalípticos jinetes que vienen azotando a la humanidad en este siglo. Cada vez estoy más convencido de que los mexicanos jugaremos un rol importante en la historia próxima de la humanidad.