
26 de febrero al 4 de marzo de 2006
Llegué al aeropuerto de Lusaka el 25 de febrero a las 6:50 de la mañana. La hermana Cristina me recibió y me llevó a uno de los hoteles más suntuosos de la capital de Zambia. Me invitó a esperarla mientras ella hacia una presentación al representante de la CRS, organización estadounidense que les apoya con fondos para sus programas de ayuda en salud y educación. Me sentí mal del estomago al terminar de desayunar y el malestar junto con las pocas horas de sueño de los últimos días me convirtieron en un bulto inanimado por varias horas, durante las cuales conocí a tres empleados nativos de Mongu que trabajan con las hermanas del verbo encarnado: Smakumba, Lillian y Víctor. Salimos del hotel alrededor de las 10 de la mañana y pasamos a un centro comercial, que me recordó McAllen, donde aproveché para comprar pepto bismol y una torta de subway para el camino -8 horas en automóvil a Mongu-. Lusaka ya parece cualquier ciudad occidental consumista. No sé si llorar o reír.
Desafortunadamente no pude encontrar un cajero automático afiliado a master card para que me despachara kwachas, la moneda nacional de Zambia… bien me lo dijo mi madre, “no te cambies a banca serfin”. En fin, espero encontrar pronto una forma de sacar mi dinero. Alrededor de las 12 del medio día, agarramos carretera y después de dormir a ratos más de la mitad del camino, me zarandearon los mongunenses para indicarme que estábamos entrando al parque nacional y me preguntaron si quería ver algunos elefantes y/o leones. Excuso decirles que se me quito lo cansado, saqué mi cámara de mi bolsita de manta y me dispuse a esperar como niño en la noche de navidad. Después de unos 15 minutos empecé a tomar fotos, contorsionándome y haciendo peripecias sobre mis nuevos amigos con tal de sorprender con mi sony a los changos, venados, puerco espines y elefantes que se iban cruzando por nuestro camino. La parte más emocionante fue cuando nos encontramos a 3 elefantes a la orilla de la carretera, pues causaron un mini trafico -nada comparable a Gonzalitos en Monterrey- deteniendo los autos tanto de ida como de venida por lo menos 15 minutos; porque han de saber que los elefantes embisten camionetas y camiones sin titubear y con singular ferocidad cuando se sienten perturbados. Parece que son los animales que ostentan el segundo lugar, solo después de los territoriales hipopótamos, en número de muertes humanas en el oeste de Zambia. Finalmente llegamos a casa de las hermanas al anochecer, donde nos esperaba una suculenta cena de pollo, arroz y papas, seguida de un soberbio café sudafricano. En ese momento me olvidé de mis problemas estomacales y sin temor alguno comí cual pelón de hospicio hasta que recordé que la gripe aviar ya estaba en África. Me pregunté si no habría llegado a Zambia, a lo que me auto-respondí que NO sin mayor profundización y proseguí con las galletitas del postre. Al terminar de cenar, me explicaron que el cuarto destinado para mi, permanecería vació porque me llevarían a instalarme a la casa de unos hermanos cristianos de nacionalidad irlandesa, con quienes habría de vivir los siguientes cinco meses.
Mi nueva casa es enorme, debo caminar casi una cuadra para llegar a uno de los dos baños, los cuales están uno en cada orilla de la construcción. Pero afortunadamente son de tecnología occidental con su asiento y tapita de plástico.
Terry, el hermano mas grande de edad es muy amable pero habla entre dientes de manera que no le entiendo muy bien. Afortunadamente el lenguaje de señas funciona y no he tenido problemas para comer hasta el momento =)
Durante las primeras 24 horas que estuve aquí, no deje de escuchar pajarillos, gallos, niños y adultos cantando y en general siempre música de fondo. Ciertamente el calor es fuerte pero soportable en esta época del año, vale la pena aclarar que solo hay dos estaciones, la de lluvias y la seca, cada una de las cuales dura aproximadamente 6 meses. La gente es muy amable y sonriente, de manera que me hacen sentir bienvenido. Las hermanas, con quienes como todos los días, Francine (irlandesa), Cristina y Lety (mexicanas) me han dado una idea general de la realidad que se vive en este país de abundancia extrema vegetal y animal, pero también de insalubridad y hambre. La polaridad es mas acentuada que en Latinoamérica, desde mi inicial punto de vista, quizás por las epidemias que diezman constantemente a la población de Zambia, el SIDA, la malaria y la tuberculosis. Se puede ver en todo momento la enfermedad al lado del vigor de estos correosos y hermosos cuerpos negros, al mismo tiempo que a un niño hambriento con una sonrisa tierna y plena.
2 comentarios:
pobrecito, ya no lele panza?
Ahora que esté en Gonzalitos atorada, me imaginare que hay tres elefantes adelante bloqueando el camino en Fidel Velazquez..
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