El encuentro del rio con las cataratas era casi sensual. Se podria decir que al encontrarse, el Zambezi penetraba a Victoria mientras un rugido excitante se desdoblaba y su eco rebotaba en todas direcciones. De esta union nacian angeles de espuma que a mitad de la caida, se elevaban como fantasmas que operan debajo de una sabana.
Senti una punzada en el centro del pecho, seguido de un ejercito de millones de hormigas dirigiendose hacia mi vientre en desbandada. Tocaban con sus pequenisimas patas, simultaneamente, todas las paredes de mis adentros...
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