Ahí les va… para que no se quejen de nuestras autoridades del heroico “cuerpo mexicano” de policía:
Primero fue a poner la denuncia del asalto. Le habían robado su monedero en un conocido centro comercial de Lusaka. En el 1er piso de la policía la recibieron después de una media hora y cuando había descrito el caso detalladamente, le dijeron:
- OK, ahora hay que escribir a máquina su queja. ¿Tiene usted papel?
A lo que Katarina, con una sonrisa de “a que oficial tan chistoso”, respondió que no. Iniciaron, el policía y sus compañeros de recepción, una frenética búsqueda levantando la grapadora, una pluma, un archivito de 5 documentos, la bolsa de papel con la torta del almuerzo y un par de bultitos livianos ubicados en el otro extremo del mueble que no pudimos distinguir. Después de unos 30 segundos, duración de la encomiable búsqueda, dijo con voz sexy, mas o menos como la del personaje de TV interpretado por Héctor Suárez “el no hay no hay”:
- señorita y ¿está usted casada?
- no, ¿porque?
- porque estoy buscando una novia europea, así rubia.
A estas alturas Katarina no sabia si llorar o reír, pero haciendo un esfuerzo por componerse y con cara seria le preguntó
- ¿y que tiene que ver la denuncia con sus necesidades afectivas?
El cuidador del orden se sonrió alegre y confirmó:
-pues no tenemos papel, ¿sería tan amable de traernos una hoja limpia en blanco por ambos lados? Ahhh, y ¿no tendrá maquina de escribir?
Con esta última pregunta se rompió la tensión en el ambiente y la finlandesa riendo a capa tendida, exclamó, en un tono mitad sorpresa, mitad pregunta:
- ¡Como! ¿Tampoco tienen máquina de escribir?
- no señorita. Fue la respuesta del policía sin perder, en ningún momento, la compostura y la sonrisa
- bueno, mañana la esperamos porque ya va a ser la hora de salida. ¿Trae vehículo?
- no
- a bueno, entonces vamos a la escena del crimen en taxi.
- ¿pero tampoco tienen vehiculó, Sr.? Preguntó la guera con cara de “ya no me sorprende nada”
- no señorita, aquí el cliente es el que nos transporta en su auto o paga el taxi.
- oiga, ¿y es absolutamente necesario ir al centro comercial? No creo que el ladrón esté esperando en un banquito a que llegue usted a entrevistarlo
- cierto, pero tenemos que hacer el reconocimiento de todas formas
- ok, dijo la paciente escandinava.
- ah, oiga, son 20,000 kwachas por levantar la denuncia
- pero, ¿además tengo que pagar?
- así es señorita
Dió tres respiros profundos, le salió una mueca de la boca parecida a una risa irónica y dijo:
- bueno, aquí esta. ¿Me da recibo por favor?
- híjole! (traducción de una expresión equivalente al lenguaje mexicano). Se nos acabaron los recibos.
Al día siguiente en la estación policíaca, el mismo guardián del orden, muy alegre, le dio la bienvenida a mi amiga e incluso la atendió inmediatamente sin hacerla pasar por la fila.
Katarina entregó dos hojas blancas, volvió a repetir los hechos para que pudieran ser anotados y dio sus datos generales. El servicial gendarme agradeció agregando:
- mañana aquí la espero porque hoy tengo que ir a otra oficina para teclear su denuncia en una máquina de escribir
Con un suspiro, Katarina dijo:
- OK, nos vemos mañana
- oiga, siempre quise irme a vivir a un país del norte de Europa
- ja ja, que bien. Respondió la rubia y se despidió nuevamente.
Un día después, ahí estábamos a media mañana pero el documento no estaba listo. El poli nos aseguró que “mañana ya podría pasar a recogerlo”. Finalmente al día siguiente la denuncia quedó completa y el poli, al despedirse, hizo su último intento: “oiga, ¿me da su teléfono y dirección en Finlandia?”…
¿Qué tal? El tiempo en África es un concepto muy diferente al de México, imagínense el shock para los organizados y puntuales anglo-sajones… jaja.
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